Cuidar a un familiar sin olvidarse de uno mismo

Manos de una mujer adulta mayor sosteniendo las manos de su familiar como gesto de cuidado y acompañamiento.

Hay momentos en la vida en los que dejamos de preocuparnos por nosotros porque hay alguien más que nos necesita primero. Pueden ser nuestros padres, abuelos, tíos o cualquier otro familiar.

 

Aprendemos los horarios de sus medicamentos, estamos pendientes de sus comidas, de sus citas médicas, de sus cambios de ánimo o de sueño. Organizamos nuestros días en torno a esa persona. Y, sin darnos cuenta, comenzamos a dejar para después cosas que también necesitamos: descansar, compartir con nuestros amigos, ir al doctor o simplemente tener un momento para nosotros.

 

Son responsabilidades que asumimos con cariño, porque esas personas estuvieron ahí cuando más las necesitábamos. Encargarse de ellos es también una forma de agradecerles todo lo que hicieron por quienes somos hoy.

 

Sin embargo, ¿qué pasa cuando quien cuida también necesita apoyo?

 

Diana lo vivió mientras atendía a su mamá después de una cirugía. Su rutina se llenó de medicamentos, alimentación especial, terapias y todas las tareas necesarias para acompañarla en su recuperación. Poco a poco, dejó de prestar atención a su propio bienestar y el desgaste emocional terminó afectando también su salud física.

 

Julio, por ejemplo, ha tenido que acomodar su rutina laboral y familiar para acompañar primero a su mamá y, posteriormente, a su tía abuela, una mujer muy importante en su vida y a quien considera como una madre. Mientras trabaja desde casa y busca estar presente para su familia, también necesita encontrar un espacio para desconectarse de las responsabilidades por un momento.

 

El cansancio de quien vela por la salud de otro, también puede manifestarse en el cuerpo y en las emociones, según explica el neurólogo Facundo Manes. Además, señala que quienes cuidan a otras personas también pueden verse afectados por el estrés, la ansiedad y la depresión.

 

Pero hay otro sentimiento que puede ser todavía más difícil de llevar: la culpa.

 

Quienes se encargan de la salud de un adulto mayor pueden sentirse culpables al necesitar un momento para sí mismos o al pensar que no están haciendo lo suficiente. Esta sensación puede aparecer cuando creen que deben estar disponibles todo el tiempo o asumir por completo las responsabilidades de atención hacia la persona que aman.

 

El psicólogo Andrés Losada Baltar explica en su estudio sobre la culpa del cuidador que este sentimiento puede relacionarse con tres aspectos: las emociones negativas hacia la persona atendida, priorizar el autocuidado y sentir que no se está a la altura de la situación.

 

Preocuparse por otros, pero sin olvidarse de uno mismo

 

Lo que viven quienes cuidan de otros nos muestra que acompañar a alguien que amamos puede transformar nuestra vida cotidiana, lo que sentimos y hasta la manera en que nos relacionamos.

 

Pero, encargarnos de alguien que no puede valerse por sí misma, también implica reconocer cuándo necesitamos apoyo. Muchas veces, quienes están en una situación así, prefieren callar lo que sienten porque creen que pueden seguir sosteniéndolo todo. Hablar con un familiar para compartir esta tarea o pedir ayuda también puede aliviar alguna de las labores que se requieren.

 

Si está viviendo una situación parecida, o conoce a alguien que lleva mucho tiempo ocupándose de los demás, acérquese, escúchelo y hágale saber que no está solo.

 

Porque quien cuida también necesita a alguien que se preocupe de él.