Los abuelos: Un vínculo de amor eterno

Abuelo y nieto caminan tomados de la mano por un jardín verde.

En honor al Día de los Abuelos, queremos recordar a esas personas que, desde pequeños, ocupan un lugar muy especial en nuestras vidas. Son quienes nos consienten, nos escuchan, nos reciben con abrazos y, muchas veces, hasta tienen listo nuestro plato favorito cuando saben que iremos a visitarlos.

 

En este blog queremos compartir algunas historias de nuestros clientes y colaboradores que nos recuerdan que el legado de nuestros abuelos también vive en esos recuerdos que nos acompañarán durante toda la vida y que nos permiten honrar su memoria.

 

Testimonios: recuerdos junto a nuestros abuelos

 

Cynthia Avilés es una de nuestras clientas en Milagro. Cuando habla de sus abuelos, recuerda aquella época en la que era estudiante y cómo ellos se levantaban con ella a las 5:00 de la mañana para acompañarla mientras estudiaba.

 

También cuenta que “Mami Chu” y “Papi Chalo”, como cariñosamente los llamaba, preparaban la tradicional fanesca por Semana Santa para compartir con toda la familia. Hoy les agradece por esa gratitud recibida, dejándonos un mensaje:

 

(…) A los que tienen a sus abuelitos, que les den muchos abrazos sinceros y les digan todo lo que sienten por ellos ahora, porque la vida es muy corta. Los abrazos más cálidos que se reciben y más sinceros son los de ellos.

 

Para Dayanara Jalca, colaboradora en Guayaquil, su abuelo fue mucho más que esa figura que la consentía: fue el hombre que la crió y a quien llegó a considerar como un padre.

 

Félix, le enseñó sobre el valor del esfuerzo y la humildad como regla de oro. Dayanara aún conserva una frase que siempre le decía y que, hasta el día de hoy, aplica en su vida diaria: “Nunca olvides tus raíces”.

 

En cambio, Raquel Conde, colaboradora en Guayaquil, conserva recuerdos intactos de aquellos fines de semana junto a su abuelita María Antonieta en la finca ubicada en el recinto San José.

 

Cuando habla de ella, sus ojos se iluminan al recordar aquellos viajes en donde su abuelita la consentía dándole monedas de un centavo que había guardado para que comprara dulces y aquella sopa que no alcanzó a tomarse porque creyó que habría otro momento.

 

Años después, Raquel encontró una manera de honrar todo ese amor, dedicándole su título universitario y escribiéndole una dedicatoria muy especial: “Lo que te prometí, lo cumplí”.

 

Un amor incondicional que deja huellas

 

Cada historia es diferente, pero todas tienen algo en común: nos recuerdan que lo que recibimos de nuestros abuelos no siempre está en las grandes cosas. A veces está en una tradición familiar, en una frase que nunca olvidamos, en aquello que nos enseñaron o en esos pequeños gestos que, con el paso de los años, adquieren para nosotros un significado especial.

 

Mientras tengamos la oportunidad de escucharlos y conocer sus historias, hagámoslo. Preguntémosles por aquello que los hizo felices y por esas anécdotas familiares que quizá nunca nos han contado: cómo conocieron a la abuela o al abuelo, cuál fue su primer trabajo, cómo era su infancia o qué sueños tenían cuando eran jóvenes.

 

Porque conocer su historia también nos permite comprender de dónde venimos y conservar una parte de ellos en nosotros.

 

Por eso, este domingo 30 de agosto, Día de los Abuelos, hagamos que sean ellos los protagonistas. Regalémosles nuestro tiempo, una visita, una conversación o simplemente un abrazo que les recuerde cuánto los queremos. No esperemos una ocasión especial para estar presentes; aprovechemos hoy la dicha de estar a su lado.