Hay enseñanzas que nos siguen acompañando

Diana Abad y Martha García, clientes de Jardines de Esperanza Guayaquil nos contaron las historias de sus familiares.

Hay mujeres que dejan una huella tan profunda en nuestros corazones que, con el paso del tiempo, continúan acompañándonos desde el cielo. Y una de ellas es mamá.

 

Para Diana Abad y Martha García, el legado de sus madres continúa presente en los recuerdos y en muchas de las enseñanzas que hoy forman parte de sus vidas. Ellas compartieron con nosotros algunas de las anécdotas de sus queridas madres.

 

Diana nos cuenta que su madre Anita del Pilar Baus Palacio era una persona sumamente entregada a Dios. Colaboró por más de 40 años en la iglesia San Pablo Apóstol de Guayaquil como catequista y ministra de Eucaristía. Además, visitaba hospitales o casas de personas con enfermedades en etapa terminal.

 

Otra de las anécdotas que Diana comparte es que a su madre le gustaba cocinar para familiares, amigos y vecinos.

 

No importaba cuántas personas llegaran, ella siempre encontraba la forma de recibirlas con cariño – Diana Abad, cliente de Jardines de Esperanza Guayaquil

 

Anita del Pilar también realizaba tortas y bocaditos para eventos sociales, además daba talleres de repostería en su casa. Diana recuerda que una vez un ex futbolista fue a su casa para que su madre le hiciera su pastel de bodas.

 

Por eso, cuando su madre falleció, Diana sintió que algo dentro de ella se apagaba. Pero con la ayuda de Unidad de Duelo, comprendió que el amor no desaparece con la ausencia, sino que encuentra nuevas formas de permanecer y continuar con su legado.

 

Uno puede amar con presencia, pero también puede amar desde el recuerdo – Diana Abad, cliente de Jardines de Esperanza Guayaquil

 

En cambio, para Martha García, el legado de su madre tomó otra forma. Aprendió a escuchar siempre los consejos de Aracely Azucena Vélez Macías, quien muchas veces le advertía sobre situaciones o amistades que no le convenían. Y aunque en ese momento Martha dudara, el tiempo siempre terminaba dándole la razón.

 

Era una mujer sabia, fuerte y con una capacidad única para entender a las personas – Martha García, cliente de Jardines de Esperanza Guayaquil

 

Pero más allá de los sabios consejos, lo que más valora es la amistad que construyeron con los años. Su madre Aracely se convirtió en su fiel compañera de vida. Compartían largas conversaciones y tradiciones como la de salir a tomar café todos los domingos.

 

Tras la partida de su madre y casi sin darse cuenta, comenzó a ocupar el rol que ella tenía dentro de la familia. Actualmente, Martha es quien cuida, acompaña y se mantiene pendiente de sus hermanos. Hoy entiende que muchas de las decisiones que toma y la forma en que enfrenta la vida están profundamente influenciadas por ella.

 

No hay mejor consejo que el de una madre, porque ellas ya recorrieron el camino que nosotros apenas empezamos a caminar – Martha García, cliente de Jardines de Esperanza Guayaquil

 

Tanto Diana como Martha entendieron que seguir adelante no significa dejar atrás a quienes amamos, sino aprender a vivir con el recuerdo de aquello que nos enseñaron, los valores que sembraron y el amor profundo que nos dejaron.

 

Porque el legado no termina con su partida; continúa en cada paso que damos, en las huellas que permanecen y que aún guían nuestro camino.