¿Qué es la generación de cristal y por qué la llaman así?

La llamada “generación de cristal” está compuesta, en gran parte, por adolescentes y jóvenes nacidos a finales de los años 90 y principios de los 2000. Son jóvenes que crecieron en medio de la globalización, la inmediatez tecnológica, las redes sociales y un entorno donde la información fluye sin filtros y con rapidez.
Su manera de ver el mundo puede ser distinta a la de generaciones anteriores, no por debilidad, sino por los cambios sociales, culturales y económicos que han marcado su desarrollo.
¿Por qué se les llama así?
El calificativo de cristal se debe a la idea de que se rompen fácilmente frente a la crítica o las dificultades. Sin embargo, detrás de esta etiqueta puede haber una realidad distinta: puede que estemos ante una generación que se atreve a expresar sus emociones, a cuestionar estructuras rígidas y a defender causas sociales como el respeto a la salud mental.
Cambios generacionales que debemos asimilar
A lo largo de la historia, cada generación ha llevado consigo transformaciones que al inicio suelen ser vistas con resistencia. Por ejemplo, nuestros abuelos fueron criticados por escuchar música diferente, nuestros padres por querer más libertades, y ahora los jóvenes por ser “hipersensibles”. La realidad es que cada generación refleja los retos de su tiempo.
Ante esto, no podemos quedarnos en la crítica ni en la nostalgia por lo que fue.
Nuestra tarea es escuchar, comprender y acompañar a las nuevas generaciones, aprendiendo de su sensibilidad y preparándonos como sociedad para un futuro con menos natalidad, más diversidad y nuevas formas de convivencia.
Una oportunidad de aprendizaje
En lugar de ver a la “generación de cristal” como un problema, quizá deberíamos entenderla como una señal de los cambios que estamos viviendo. Los jóvenes de hoy:
- Nos recuerdan que la salud mental importa tanto como la física.
- Plantean un modelo de vida donde el bienestar pesa más que las apariencias.
- Muestran que la decisión de formar una familia ya no responde a una presión cultural, sino a un proyecto de vida consciente.
Quizás no estamos frente a una generación de cristal que se rompe con facilidad, sino frente a una generación de cristal transparente, que refleja lo que siente y piensa sin miedo, y que nos invita a cambiar con ellos.