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Disciplina positiva: el arte de educar con amabilidad y firmeza

 Disciplina positiva: el arte de educar con amabilidad y firmeza

La disciplina positiva propone una nueva forma de enseñar, sin resultados inmediatos, pero con efectos positivos y duraderos para las familias. Este es un proceso formativo que promueve la buena convivencia, a través del cual se educan niños seguros, independientes y capaces de fomentar el respeto en su entorno.

Todo lo bueno, toma tiempo. De la misma manera que un árbol, luego de un proceso natural y con los respectivos cuidados, logrará dar fruto; asimismo, la educación de los hijos requiere trabajo diario y mucha paciencia para formar personas responsables y con recursos para enfrentar los desafíos actuales.

Según la Psicóloga educativa Diana Vítores, coordinadora del Departamento de Consejería Estudiantil en el Centro Educativo La Moderna, esta metodología tiene varias características:

  • El respeto mutuo. «Solo se pueden construir relaciones armónicas si hay respeto mutuo. Esto implica que el adulto que lidera los espacios para niños practique esto». Los más pequeños aprenden por el ejemplo y su principal modelo siempre serán sus padres.
  • Construir colectivamente. Permita que participen en la elaboración de las normas de convivencia; así, sus opiniones serán escuchadas y usted podrá comprender lo que buscan y necesitan.
  • Todos estamos hechos para la conexión, por lo tanto, es esencial atender las necesidades de los seres humanos desde niños:
    • Pertenencia. Necesitan sentirse parte de un grupo humano, y el primero de todos es la familia. Cuando se perciben solos o excluidos, surgen problemas de conducta.
    • Importancia. Cada persona tiene un rol dentro de una comunidad, ayude a que su hijo se descubra valioso en el cumplimiento de su papel.

La tarea no es fácil, por eso, la especialista da algunas recomendaciones a los padres para aplicar este método en el hogar:

  1. Validar las emociones. Identifique las emociones del menor y empatice con ellas para que se sienta comprendido.
  2. Corregir con amabilidad y firmeza. Los errores son oportunidades para el aprendizaje.
  3. Crear espacios de diálogo en un marco de confianza y afecto. Estos son momentos para conversar, planificar, evaluar y reconocer logros. La psicóloga recomienda que sean al menos una vez a la semana.
  4. Fomentar la participación. Permita que diga lo que siente, para que puedan resolver conflictos juntos y llegar a acuerdos. Mientras más crecen los hijos, más espacio de participación deberían tener, dice la psicóloga.
  5. Establecer rutinas que incluyan actividades de colaboración en casa, de tal manera que dentro de la familia cada uno conoce su responsabilidad y sabe lo importante que es.